«Cada semilla es un pequeño caos»

Cada una de ellas tiene una idea, una forma que le es propia. Una semilla antes de volverse árbol prepara su interior con un sinfín de procesos ígneos que luego contarán una historia.

“La resistencia de la materia a pesar de sus raíces

poco profundas pero suficientes.

El cactus: hueso abandonado dos veces al olvido,

un exceso de evidencia que lo hace parecer muerto.

Cancelado entre las piedras, es un sol tranquilo

que sueña con un mundo que no le pertenece”.

Héctor Freire

Los cactus y su capacidad de acumular agua. Los cactus y sus espinas reflejando la luna. Los cactus y el silencio de quienes saben guardar muy bien el escaso oro líquido que precipita en el desierto.

Hace unos días, me quedé unos minutos contemplando un cactus en la vereda. Pensé en todo lo que acaso me asemejaba a él: yo acumulaba conocimiento. Y me detuve sobre el fin último de esa acumulación.

Desde niña las plantas fueron mi hogar, luego mi alimento y más tarde mi medicina. Comencé a estudiarlas de un modo más catedrático en el año 2016, y después de un tiempo comencé a enemistarme con algunos hallazgos. Un etéreo Clavel del aire se había transformado en Tillandsia aeranthos, y el Arbolito de las orquídeas en Bauhinia forficata.

Poner un nombre ya es una tarea bastante difícil: acota la expansión, define, desacraliza el alma de los seres, les escoge un dueño. Se me ocurre cuánto más potente puede hacerlo un nombre científico (y en todo lo que antes las plantas me contaban, sencillamente a través de sus nombres populares). Es comprensible, en fitomedicina el nombre científico es universalmente el mismo y así se evitan errores o intoxicaciones. Pero el nombre particular que se le otorga en los pueblos narra la historia del vegetal, del lugar y los habitantes que lo rodean.

Byung-Chul Han, acerca de la información vs. la narración, escribió: “Todo lo que une y conecta está desapareciendo. Apenas hay valores o símbolos compartidos, no hay narrativas comunes que unan a las personas. La verdad, proveedora de sentido y orientación, es también una narración. Estamos muy bien informados, pero de alguna manera no podemos orientarnos. La informatización de la realidad conduce a su atomización: esferas separadas de lo que se cree que es verdad”.

Hace un año sentí que estaba acumulando información y datos, entonces me interpelé: ¿para qué? ¿para ayudar a los seres que estudio, a las personas o sólo para demostrar lo que sé? No, yo no soy un cactus con demasiada agua en mi interior o raíces poco profundas, soy el Clavel del aire y el Arbolito de las orquídeas, soy una canción de Atahualpa Yupanqui.

Filmando la flora misionera (1998)

En la foto principal de esta nota sostengo una semilla o sámara (*) del Tipa (Tipuana tipa), árbol nativo de Argentina; pero en la grandiosa y secreta relación que me une con la naturaleza, también podría estar sosteniendo un colibrí. ¿No es cierto que su morfología es muy similar? Si nos detenemos a explorar en esa similitud, estoy segura que encontraríamos otra de las estrategias maravillosas a las que nos tienen acostumbrados los árboles y las aves.

“Cada semilla es un pequeño caos”, dijo Paracelso. Cada una de ellas tiene una idea, una forma que le es propia. Una semilla antes de volverse árbol prepara su interior con un sinfín de procesos ígneos que luego contarán una historia.

Bernard Lievegoed, manifiesta: “En todo organismo vivo actúan fuerzas formativas físicas, etéricas, astrales y espirituales. En la planta, las fuerzas físicas y etéricas actúan desde el interior, las fuerzas astrales alrededor de ella y las fuerzas espirituales desde las vastas lejanías estelares, donde se encuentran los arquetipos vegetales”. “La agricultura biodinámica se esfuerza por preparar la tierra de modo que llegue al punto en que quiera volverse planta. Lo físico, lo etérico y lo astral deben interpenetrarse en la tierra de modo activo y volverse pre-vegetativos en el grado de tensión más intenso”. 

Como escultores, siento que diversas fuerzas formativas estuvieron modelando mis últimas decisiones hasta llegar al punto de que se vuelvan planta.

Dejé de estudiar cosas nuevas y empecé a leer lo ya leído, pero con los ojos de la narrativa y la poesía, esas que extraen agua de las piedras, devuelven la belleza al mundo y me permiten explorar rincones inaccesibles para la ciencia.

*Una sámara es un tipo de fruto en el que se desarrolla un ala aplanada de tejido fibroso y papiráceo a partir de la pared del ovario. Su forma favorece su dispersión por el viento o anemocoria.

Puedes leer aquí una nota vinculada: En tu nombre.

Música para acompañar la lectura:

Ludovico Einaudi, Ronald’s Dream

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